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Mostrando las entradas de abril, 2020

El chico de la tele.

Me enamoré del chico de la tele. Me enamoré de sus cejas ladrillo, sus ojos acuífero y su cabello carbón. Me enamoré de su verborragia y de sus palabras inteligentes. Me enamoré perdidamente de sus conocimientos por áreas ajenas y cercanas a mi. Creo que la fascinación de ver sus bucles en la frente y la posición recta de su espalda hacían que me desconcentrara del escenario londinense que siempre admiré y que caracterizaron la serie. Pero lo que me desarmaba era su personalidad. Disociado de todo tipo de emociones y refugiado en su palacio mental, había conseguido que su inteligencia visual y sus conexiones neuronales explícitamente manifestadas en pantalla, rozaran mi sentimiento más rudimentario de ignorancia y vulnerabilidad. Cada vez que lo veía quería sentir debilidad dentro de mi sentido común y que sus descubrimientos me hicieran suspirar, vez tras vez. No sonreía muy a menudo, pero cuando lo hacía sus ojos también acompañaban el gesto, y yo quería congelar la imagen para siemp...