Me rompe la cabeza tu nariz de tobogán. Quisiera dejar de pensar en tu mirada oceánica y espejada que hace que mi jardín estomacal se llene de mariposas eufóricas . No me mires. No hagas que me sienta manija. Esa cara, labrada...y esa barba colorada. Y mi corazón al ritmo de Usain Bolt. ¿Se llega a escuchar? Te pienso e imagino que tal vez me pensás. Te convertiste en un hobby. No debería... mi pasatiempo debería ser el estudio de la teoría de Erikson. Pero la verdad es que no me importa. Porque pienso en tu pelo, y en lo bien que te queda esa selva amazónica en la cabeza. ¿Podés dejar de sonreír? Qué remolino químico me generás. Frío, calor. Temblor. El estado de abstinencia, constante y repentino. Porque esa sonrisa es el portal a Eudamon, es el Olimpo y sus dioses. Es la transparencia de las aguas de Islas Maldivas. Quién iba a pensar que apenas te conocí no te ví. No te miré. ¿Y ahora? Te descubrí. Tan oculto estabas a mis cinco sentidos. Tan fuera de mi búsqueda del tes...
Cósmico . Eso viene a mi mente cuando pienso en él. Es que su atractivo galáctico, misterioso y peculiar, rompió la vía láctea de mi cordura. Sus tatuajes . Pequeños y con significados. Cual stickers personalizados cubren el valle de sus brazos, subiendo por la ladera de su nuez de Adán. Parecieran estrellas en un cielo eterno, y yo, astrónoma, intento descubrir la razón magnética que me lleva a fijarme en ellos. Sus ojos . Electricidad y taquicardia. Volcánicos, siempre, erupcionan en la isla de mis latidos. Intento llevar mi atención a sus palabras, pero me pierdo en la selva de esos fanales. Su risa . Impoluta. Esa corona blanca, única capaz de menguar el tamaño e impacto de sus pupilas. Hace que me estallen asteroides en la amígdala, cada que la descubre. Su pelo . Impreciso, desprolijo y desalineado, con intención. Enmarca perfectamente su cara imberbe. No sé su edad, pero de algo estoy segura, no la aparenta. Su voz . Rasgada. La garganta con arena de Cacho Castaña. Su...