Estos días fueron de los más intensos (e intensivos) en mi vida. Nada de lo que hacía no tenía una razón. O, mejor dicho, todo lo que debía hacer, pensar, querer, desear estaba condicionado. Todo tenía una razón, nada era por puro placer de hacer las cosas "porque si".
Fue en estas situaciones en que consideré tratar de disfrutar lo mas que pudiera de cada cosa que vivía, porque si bien eran resultado de "pautas preestablecidas de antemano", en el fondo YO QUERÍA hacerlo. Algo de mi deseo y pensamiento estaba anudado a eso "preestablecido".
Fue a partir de allí que me propuse verle el "lado positivo" a las cosas. Había mucho negativo alrededor (miedo, cansancio, falta de comunicación, bronca, impotencia, falta de tiempo, falta de organización). Me consta (experimentalmente diré) que es así. Pero resulta que todo eso negativo me llevó a ver que en realidad era todo positivo. Me llevó a ver que hay cuestiones que dependen de mi y otras que no. que aquellas cosas que dependen de mi tienen que desarrollarse de la mejor manera posible, pero que aquello que trae preocupaciones y que está fuera de mi alcance, debe ser visto como tal y entender que NO ME CORRESPONDE.
Entiendo hoy que no hay dos tipos de lados en las cosas, las cosas son como son. De la manera en cómo se tomen, va a depender la valoración positiva o negativa que se le den.
Lo principal a entender es que no debemos ir detrás de los problemas, sino mas allá de ellos. No verlos desde adentro, verlos desde ARRIBA. De eso consta el vivir: quien está ligado a la vida, comprende que aún lo negativo genera algo positivo.
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