Cósmico. Eso viene a mi mente cuando pienso en él. Es que su atractivo galáctico, misterioso y peculiar, rompió la vía láctea de mi cordura.
Sus ojos. Electricidad y taquicardia. Volcánicos, siempre, erupcionan en la isla de mis latidos. Intento llevar mi atención a sus palabras, pero me pierdo en la selva de esos fanales.
Su risa. Impoluta. Esa corona blanca, única capaz de menguar el tamaño e impacto de sus pupilas. Hace que me estallen asteroides en la amígdala, cada que la descubre.
Su pelo. Impreciso, desprolijo y desalineado, con intención. Enmarca perfectamente su cara imberbe. No sé su edad, pero de algo estoy segura, no la aparenta.
Su voz. Rasgada. La garganta con arena de Cacho Castaña. Su altura de 1.65m pasa desapercibida cuando habla. Tono firme, seguro y convincente mixeado con el eterno adolescente que me retorna a la época de los TeenAngels.
Su corazón. Cósmico corazón...¿Qué hay ahí dentro? Quiero saber. ¿Cuáles son sus anhelos más profundos? ¿Qué sueños le quitan el sueño? ¿Qué piensa del amor?... ¿Y del "para siempre"? Aunque él me resulte estelar, ¿Tiene su corazón en las estrellas? ¿Qué piensa de trascender? ¿Cuál es su legado para el mundo?
Quiero saberlo todo.
¿Quiero?
Lo contemplo. Parada en el "aquí y ahora". No sé si será mi mañana o mi nunca. Ni siquiera sé si es mi ahora.
Es mi instante en el Cosmos, dónde disfruto la vida y agradezco a Dios, por la suya.
Espero que sepa envejecer. Nada perdura.
ResponderBorrarEspero. Mientras tanto, que exista el hoy
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