La verdad es que me siento una extraña en mi propia historia. O mejor dicho, me siento parte de una historia (o histeria) que no me pertenece.
Hace poco un amigo cortó con su novia. Estaban a meses de casarse. Lo raro es que me afectó desde muy cerca, por lo que empecé a pensar que nadie está excento de perder. Es más, se me vino un ejemplo bastante representativo. Es como si se tirara de una banda elástica y avanzaras en esa relación (feliz, sin temores. Seguro de que está todo bien), sin embargo llegado un momento, la banda elástica no soporta mas la presión y vuelve todo atrás (incluso mas atrás de donde posiblemente había comenzado). Esto es lógico, es decir, conocemos que todo tiene un fin pero no entendemos el por qué. Y a veces sucede a la inversa, conocemos las razones como para ponerle fin a algo pero no podemos, por el solo hecho de no poder.
Tuve temor, lo reconozco. Temor de que me suceda lo mismo, de que me cree un futuro que jamás llegará, de que dé todo por sentado y en un segundo se desestabilice mi mundo.
Nada es seguro. Nada. "Todo tiene un final, todo termina". Lo curioso es que no podamos acostumbrarnos, que tengamos eternidad implantada en nuestros corazones.
No pretendo responder cuestiones referidas al amor. Todo lo contrario, pretendo replantearme acerca de ellas. ¿Será que amamos como se debe? ¿Cómo debemos amar? ¿Qué es el amor? Muchos sabemos esas respuestas, y no las ponemos en práctica. Muchos otros no las conocen pero creen conocerlas. Y otros pocos saben que no las saben, pero lo intentan.
No traten de entenderme, porque ni yo lo logro.
Hace poco un amigo cortó con su novia. Estaban a meses de casarse. Lo raro es que me afectó desde muy cerca, por lo que empecé a pensar que nadie está excento de perder. Es más, se me vino un ejemplo bastante representativo. Es como si se tirara de una banda elástica y avanzaras en esa relación (feliz, sin temores. Seguro de que está todo bien), sin embargo llegado un momento, la banda elástica no soporta mas la presión y vuelve todo atrás (incluso mas atrás de donde posiblemente había comenzado). Esto es lógico, es decir, conocemos que todo tiene un fin pero no entendemos el por qué. Y a veces sucede a la inversa, conocemos las razones como para ponerle fin a algo pero no podemos, por el solo hecho de no poder.
Tuve temor, lo reconozco. Temor de que me suceda lo mismo, de que me cree un futuro que jamás llegará, de que dé todo por sentado y en un segundo se desestabilice mi mundo.
Nada es seguro. Nada. "Todo tiene un final, todo termina". Lo curioso es que no podamos acostumbrarnos, que tengamos eternidad implantada en nuestros corazones.
No pretendo responder cuestiones referidas al amor. Todo lo contrario, pretendo replantearme acerca de ellas. ¿Será que amamos como se debe? ¿Cómo debemos amar? ¿Qué es el amor? Muchos sabemos esas respuestas, y no las ponemos en práctica. Muchos otros no las conocen pero creen conocerlas. Y otros pocos saben que no las saben, pero lo intentan.
No traten de entenderme, porque ni yo lo logro.
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